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El día 29 de enero, la ciudad de Zaragoza está de fiesta ya que se celebra el día de nuestro patrón, San Valero.  Un día frío y lluvioso en este año 2026 en los que los zaragozanos salimos a la calle para disfrutar de la ciudad.  Con motivo de esta festividad se organizan celebraciones litúrgicas en  honor de San Valero. La fiesta, sin embargo, trasciende lo estrictamente religioso, ya que se pueden visitar los diversos museos y edificios emblemáticos que abren sus puertas a la ciudadanía, y asistir a conciertos, espectáculos y comparsas de gigantes y cabezudos.

“San Valero, ventolero y rosconero”, nos avisa del viento que suele acompañar estas fechas y del dulce tradicionalmente asociado a esa festividad, el roscón. A pesar de ser el dulce más popular y ser el que se reparte, tradicionalmente, con chocolate, en la plaza del Pilar, no es el único relacionado con el santo. Las lenguas de San Valero de más pequeño tamaño, hechas con una base de hojaldre con crema, hacen referencia a la supuesta tartamudez del santo, y son también un dulce típico.

Alrededor de San Valero se ha construido una leyenda, pero aun así, hay cosas que sabemos de manera precisa. Nació en Zaragoza en una familia rica a mediados del S. III, en un momento de tensiones religiosas. Gracias a su carisma y a través de la demanda popular, consiguió llegar a obispo y estar presente en el concilio de Elvira, el primero en Hispania. Con este acto confirmamos su relevancia en la sociedad del momento.

El emperador Diocleciano, inició persecuciones al cristianismo por todo el imperio. San Valero será detenido junto a su diácono, ambos mandados a Valencia para ser juzgados por Daciano, el gobernador. San Valero fue finalmente condenado al exilio en el alto Aragón, hasta el 29 de enero del año 315, cuando falleció.

En torno a sus restos hay todo un misterio.  Se sabe que en el S. XII el Obispo Arnulfo de la Ribagorza, afirmó haberlos encontrado en el Castillo de Estada a través de una revelación divina. En ese momento se trasladaron a la catedral de Roda de Isábena.

La primera reliquia que llegó a Zaragoza fué su brazo y es en ese momento cuando este santo se consolidara como protector de la ciudad. Cuarenta y tres años después, el cráneo también se trasladó a la capital, donde se le dejaría descansar en el busto-relicario gótico de La seo, cuya hornacina se baja dentro del retablo, para que los zaragozanos puedan contemplarlo de cerca durante la festividad.

La presencia de san Valero queda plasmada en diversos lugares de la ciudad, aunque la más visitada está en la puerta del ayuntamiento, donde se sitúa una estatua realizada por Pablo Serrano, donde el Santo porta  la mitra y el báculo, atributos del Obispo que fue.

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